Manuel Huerta en fiesta de los Yunes Linares

El fin de semana en Veracruz estuvo más caliente que el pavimento a las tres de la tarde… y no precisamente por los más de 40 grados que sofocaron varios municipios jarochos, sino por el desfile de escándalos, abrazos incómodos y amistades que hace unos años juraban odiarse públicamente.
Primero apareció el siempre polémico Adán Augusto López Hernández, llegando muy sonriente a la fiestecita de Miguel Ángel Yunes Linares, en una postal que confirma aquello de que en política no existen enemigos… solo negocios pendientes.
Pero el verdadero protagonista del fin de semana no fue el cumpleañero ni los invitados VIP, sino el ya famosísimo “Trazan Boy”, quien abrió la boca tantito y terminó hundiéndose solito. Porque mientras intentaba explicar el misterioso incendio de un yate, terminó dejando más dudas que aclaraciones.
Y es que versiones van, versiones vienen, pero quienes andaban por la zona aseguran que sí estaba en el yate… y claro, no precisamente rezando el rosario. Dicen que iba muy bien acompañado por cuatro jóvenes damas de excelente presentación, aunque lo verdaderamente interesante es que, casualmente, todas mantenían una “relación laboral” bastante cercana con el secretario Luis Arturo Santiago Martínez. Cosas de la administración pública moderna.
Pero la novela no terminó ahí.
Conforme avanzó la noche comenzaron a filtrarse más nombres de quienes desfilaron por la celebración de los Yunes, y entre todos destacó uno que de plano ya ni la burla perdona: el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara.
Sí, el mismo que un día sí y el otro también se la pasa golpeando a los morenistas veracruzanos, criticando al gobierno estatal y jugando al rebelde profesional… pero que jamás se atreve a levantarle la voz ni a Adán Augusto ni a los Yunes. Qué casualidad.
Pasaditas las seis de la tarde llegó sonriente, repartiendo abrazos, buenos deseos y una calidez que rara vez le dedica a la gobernadora Rocío Nahle García. Porque ya saben cómo dicen: candil de la calle y oscuridad de su casa.
Ahí estaba el regordete senador, feliz y cómodo, abrazando a personajes ligados una y otra vez al famoso cartel de “La Barredora”, de quienes curiosamente nunca opina, nunca cuestiona y jamás señala. Al contrario, pareciera protegerlos con devoción franciscana.
Y qué decir de aquellos discursos donde prometía denuncias, expedientes y la famosa “carpeta azul”. Todo quedó en puro show mediático, porque hoy comparte mesa, sonrisas y fotografías con quienes durante años fueron señalados de hundir Veracruz entre corrupción, delincuencia y pactos oscuros.
Los mismos de siempre. Los que juraban combatir. Los que hoy resultan ser “grandes amigos”.
Así las cosas en la política veracruzana: enemigos en el discurso, compadres en la fiesta y socios cuando se apagan las cámaras.
Y así… cerramos otro fin de semana ardiente en Veracruz.





