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Lo que yo pienso.
Juan Javier Gómez Cazarín.

Todos los programas sociales de Bienestar están muy bien pensados. Todos atienden a una necesidad específica. Y, también todos, reflejan el espíritu que mueve a la Cuarta Transformación: darle una mano a la gente más vulnerable.

En su momento, el presidente Andrés Manuel López Obrador los visualizó con mucha inteligencia y, ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum ha cumplido su promesa de profundizarlos.

Pero, en especial, el programa La Escuela es Nuestra es uno de los que más me gustan. ¿Por qué? Porque no responde a una necesidad individual, sino que atiende a una causa común.

Mediante sus recursos no se apoya a una sola persona, sino a un grupo: mamás y papás que están preocupados por mejorar las condiciones físicas de las escuelas de sus hijas e hijos.

¿Y de cuántos recursos estamos hablando? Pues en Veracruz son más de 2 mil 350 millones de pesos para echarle una arregladita a 8 mil 700 escuelas desde jardín de niños a bachilleratos.

Para nadie es secreto que, durante muchos años, mejorar las escuelas de sus niñas y niños ha sido un verdadero calvario para las mamás y papás.

Me lo han dicho en los eventos de entrega de tarjetas de pago. Eran vueltas interminables, oficios y más oficios para todos lados, antesalas en muchas oficinas. Lo peor es que, al final, muchas veces ni siquiera lograban nada.

Y si pedían cooperaciones, luego hasta enojados terminaban, con la sospecha de que a Chuchita la habían bolseado.

Ahora la cosa cambió: reciben el dinero de La Escuela es Nuestra directamente en una tarjeta y lo usan con honestidad y transparencia para las necesidades más urgentes, que acuerdan entre todas y todos. Los beneficios se ven. La comprobación les permite acceder a recursos el año siguiente.

Este fin de semana terminamos con la entrega de las tarjetas a los 8 mil 700 comités, que ya están listos para poner manos a la obra.

Nadie en Bienestar, ni yo ni ningún Servidor de la Nación, les puede recomendar a una constructora o proveedor. Eso se los recalqué mucho cada vez que yo iba a una entrega.

¡Es dinero del pueblo y es para sus hijas y sus hijos!

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