La delgada línea entre mi opinión y la tuya

Julio Vallejo
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Por Julio Vallejo

La naturaleza humana es tan efímera como la vida misma…

Hoy es una templada mañana de otoño. Siento cómo las hojas de la vida acarician mi mente, mientras mis ojos… mis ojos cristalizan tus recuerdos.

La vida transcurre a la misma velocidad del viento de aquella mañana. Miren mis manos… se ponen arrugadas por la fluidez del aire. Mi mente viaja en el tiempo y recuerda aquel árbol frondoso que estaba en el patio… cuando yo tenía apenas siete años. Hoy, en cambio, mi propio cuerpo me recuerda que, con un soplo pasajero, mi alma regresará a mi origen.

Entender a esa mañana templada es entender que la vida fluye y se apaga, como la naturaleza interna. Todo cambia constantemente, así como cada estación del año. No siempre son los mismos aires, ni tampoco las mismas emociones, los años o las circunstancias… Todo tiene un inicio y un final predeterminado.

Entender que uno está viejo va más allá de saber que la vida florece. Así como en cada otoño las hojas se caen, en la primavera florecen. La fascinación de la condición humana va más allá del entendimiento de por qué morir. Después de renacer… el ser humano construye de manera interna o externa, pero nada… nada tiene una garantía de eternidad.

Muchas mañanas de otoño observé las hojas caer. Las vi caer así como mis lágrimas, que se espolvoreaban con el viento. Los huesos me calan con el frío; mis recuerdos se congelan con la mente. Pero las postales de aquellos paisajes de mi vida me hacen aceptar una verdad: tanto el observador como lo observado en la vida son temporadas que pasan.

¡Como hoy! Hay que empujar y apreciar que el presente se vive, sin intentar retroceder al pasado a la fuerza. El reloj, como las estaciones, no se detiene. Así como la velocidad con la que el reloj avanza… no hay tregua.

No hay rencor. Solo hay que saber vivir antes de que el invierno llegue y borre de nuestras mentes aquellas primaveras donde salíamos al escenario de la vida.
Siempre hay que dar tu mejor cara… cuando el telón caiga, no haya nada tangible, y termine nuestra actuación.

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