Veracruz presume cifras “históricas” de empleo, pero la realidad laboral sigue lejos del discurso oficial
Xalapa, Ver., noviembre de 2025.— Veracruz aparece nuevamente en los reflectores por los resultados de la ENOE del INEGI correspondientes al tercer trimestre de 2025, cifras que el Gobierno estatal presenta como señal de “estabilidad” y “mejora” en el mercado laboral. Sin embargo, detrás de los indicadores positivos persisten dudas, contrastes y realidades que no encajan del todo con el optimismo oficial.
Según el informe, la tasa de desocupación en Veracruz se ubicó en 2.2%, un número que coloca al estado por debajo del promedio nacional. Pero este tipo de indicadores suelen generar interpretaciones engañosas: una baja tasa de desempleo no necesariamente significa más y mejores empleos, sino que muchas personas, ante la falta de opciones, se ven forzadas a incorporarse a trabajos informales o precarios para sobrevivir.
La supuesta “mejora en la calidad del empleo” también se refleja en la disminución de la tasa de subocupación, que bajó a 7.3%, y en la reducción de condiciones críticas de ocupación, que pasó de 42.9% a 36.7%. No obstante, estos descensos contrastan con la percepción social: salarios bajos, jornadas extenuantes, empleo informal extendido y carencia de seguridad social siguen siendo la norma en amplios sectores productivos.
El Gobierno estatal destaca el crecimiento del empleo en el comercio, con 56 mil personas más ocupadas, y en transportes y comunicaciones, con un aumento de 4 mil empleos adicionales. Pero el incremento en el comercio —principalmente informal— suele ser un síntoma de debilidad económica: más personas vendiendo porque no encuentran un empleo formal estable.
Veracruz presume una base laboral de 3.4 millones de personas ocupadas, aunque buena parte de ellas continúa en esquemas sin derechos laborales, sin contratos y sin acceso real a seguridad social. Un mercado laboral “robusto” no es necesariamente un mercado laboral justo.
Incluso después de los severos impactos climáticos en la zona norte, el gobierno señala que el empleo mostró “resiliencia”. Sin embargo, en esas regiones miles de familias dependen de actividades agrícolas afectadas por la pérdida de cosechas, donde la pobreza laboral sigue siendo una realidad diaria.
Aunque el informe destaca una mayor integración de trabajadores en jornadas de tiempo completo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿tiempo completo con qué salarios, bajo qué condiciones y con qué garantías?
Las cifras del INEGI son útiles y necesarias, pero no cuentan la historia completa. Hablan de porcentajes, no de personas. De tasas, no de ingresos. De ocupación, no de dignidad laboral.
Mientras las autoridades celebran avances, miles de veracruzanos continúan trabajando en condiciones precarias, sin estabilidad real, sin ingresos suficientes y sin un mercado laboral que garantice derechos y oportunidades.
Los números pueden mejorar.
La vida de los trabajadores, no tanto.