La línea delgada entre mi opinión y la tuya.

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Por: Julio Vallejo

Hay que mocharle la mano sí o sí… ¡No, porque está enfermo!.

Ahora resulta que todos, todos los que caen en la cárcel están enfermos.

En la sala de la casa, había un tocadiscos de marca Fisher, con una alta fidelidad impresionante, menciono esto, porque cada que le ponía el disco de vinilo, esa música clásica y los socios del ritmo se escuchaba por toda la calle, una calidad de sonido que parecía que ahí estuvieran cantando y tocando, es más me hubiera gustado que lo hubieran escuchado ustedes mismos.

Pero lo que más recuerdo era una voz muy angelical y muy comprensiva, como si esto hiciera que las complicadas tablas de multiplicar las fuera yo aprender solo con escuchar esa voz diciendo, 3x 1 = 3 o 8 x 4=32 y así sucesivamente, repetía y repetía hasta que llegó el momento que si me las aprendí.

Pero cuál era la casualidad que en ese preciso momento que mi mamá me preguntaba las tablas, sentía un dolor de estómago, no sabía si era del estrés o porque en ese momento se me olvidaban; lo que si sabía, es que el dolor estaba siempre que me cuestionaba.

¡Obvio ese dolor algunas veces lo fingía y su intensidad pues más! Todo para que ya no me cuestionaran las tablas.

Pareciera que este antídoto les funciona a muchos funcionarios públicos, ya que cuando los cuestionan o los detienen automáticamente les da un dolor o se sienten mal, ¡bueno al menos esto dicen cuando los revisa el médico en su celda!

Mi pregunta aquí sería, qué pasa con esas personas de bajos recursos, ¿porqué a ellos no los dejan en su casa o en un hospital para que sigan cumplir su condena?, cómo a todos esos funcionarios si se les permite.

Es un verdadera vergüenza que esto esté pasando en nuestro país, todo aquel funcionario público que es detenido, llega a la cárcel y horas después no hay un amparo, pero sí un médico y lo declara enfermo.

Hoy en día los médicos son los encargados de hacer justicia y decidir donde purgara la condena cada reo.

Muestra de ello es la maestra Elba Esther Gordillo, quien paso más de un año y medio en hospital privado sin que nadie dijera la gravedad de su enfermedad. O como en el caso de Emilio Ricardo Lozoya Austin quien supuestamente estaba en “arraigo domiciliario” y lo encontraron comiendo pato pekinés en un lujoso restaurante.

No sé qué piensen ustedes de estas personalidades, ellos creen que nos agarran de pen –ejos, bueno a menos eso es lo que ellos creen, me refiero a todas esas autoridades, las cuales tienen la obligación de impartir la Ley, el estado de derecho debe de garantizar mayor seguridad a la justicia y aplicar todo el peso de la misma, porque si menciono el peso de la balanza de la justicia que sostenía la diosa Themis, pareciera qué se inclina más para los jodidos que para estas finísimas autoridades.

Creo que ya es tiempo de que la diosa se quite la venda de los ojos y se dé cuenta que realmente no está siendo justa con el trato.

Esta vez quisiera que realmente se aplique la justicia que caiga todo el peso de la ley, a todas aquellas personas que vienen a saquear al país, llámese como se llamen, y que no solo sean encarcelados, sino que regresen todo lo robado.

Y que si tienen que hacer uso de las multiplicaciones con gusto les presto mi disco, para que saquen bien las cuentas.

Ahora si se les tiene que cortar la mano que se las corten, empezando con el que lo propuso. Aunque también hay que tener cuidado cuando intentan enmascarar su fragilidad.

Nelson Mandela decía: “no hay nadie más peligroso que alguien que ha sido humillado”.

Tomando en cuenta esta frase, ¿El Bronco pasaría a la historia de la humillación? O simplemente se oirá bonita esta acusación como mi estéreo Fisher.

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