Entre golpes, sacrificios y resistencia: tres décadas de lucha libre desde el ring cordobés
Efraín Hernández
Córdoba, Ver.- La lucha libre en Córdoba se construye a partir del sacrificio físico, la constancia y la disciplina, una realidad que pocas veces se alcanza a dimensionar desde la tribuna. Con 30 años de carrera profesional y 25 años viviendo en esta ciudad, Lazzerman se ha consolidado como uno de los referentes del pancracio local, sosteniendo su vigencia a base de preparación y entrega arriba del ring.
Originario de Ciudad del Carmen, Campeche, el gladiador encontró en Córdoba el escenario para desarrollar la mayor parte de su trayectoria. A lo largo de su carrera ha compartido vestidor y esquina con figuras históricas como Mil Máscaras, así como con Místico, a quien reconoció como una de las leyendas recientes de la lucha libre mexicana.
Explicó que convivir con luchadores de ese nivel implica un ambiente de respeto ganado, no regalado: en el vestidor rara vez existe el saludo, solo miradas que evalúan al rival. Sin embargo, aseguró que una vez arriba del ring, cuando se da el máximo y se cumple con el combate, ese silencio se convierte en respeto profesional, experiencia que ha vivido no solo con Mil Máscaras, sino con otros gladiadores de amplio recorrido ya considerados leyendas nacionales e internacionales.
Rudo por excelencia, pero cercano a la afición, se ha convertido en uno de los luchadores más queridos en Córdoba. Parte de esa identidad se forjó en su rivalidad con Ringo Acosta, una de las figuras históricas del pancracio cordobés, cuya trayectoria lo perfila como un candidato natural al Salón de la Fama de la lucha libre. Sus enfrentamientos marcaron una etapa importante en las arenas de la región y elevaron el nivel del espectáculo local.
En el plano deportivo, Lazzerman ha sido Campeón Semicompleto del estado de Veracruz, Campeón de Parejas también a nivel estatal, así como campeón en una empresa de Cancún, en la zona suroeste del país, logros que avalan su permanencia y experiencia. No obstante, considera que su carrera aún no está cerrada. Señaló que, si Dios le presta vida, en un plazo de cinco años se visualiza compitiendo por el Campeonato Nacional de Peso Medio, uno de los títulos más importantes del país.
El desgaste físico ha sido una constante. Lesiones en costillas, rodillas y brazos forman parte del historial que arrastra tras años de castigo continuo, muchas veces sin atención médica especializada. Reconoció que en la lucha libre regional los propios gladiadores suelen absorber los gastos médicos, priorizando cumplir con la función pese al dolor y al riesgo permanente.
Desde su experiencia, hizo un llamado directo a sus compañeros luchadores a tomarse en serio la preparación física. Subrayó que un luchador debe entrenar al menos dos horas diarias, aunque sea tres veces por semana, pero con sesiones bien trabajadas que permitan desarrollar condición, resistencia y fortaleza, indispensables para rendir arriba del ring y evitar lesiones.
Recalcó que la lucha libre es un espectáculo que exige responsabilidad, ya que el público es quien paga un boleto para entretenerse y merece combates bien ejecutados. En ese sentido, exhortó a los luchadores que apenas están surgiendo a mantenerse entrenando y preparándose de manera constante, entendiendo que solo así se puede construir una carrera sólida.
Asimismo, destacó que Córdoba cuenta con gladiadores de gran nivel que han logrado trascender. Como ejemplo mencionó a Cruz del Toro, conocido por su paso en la WWE y quien actualmente tiene participaciones en Triple A, muestra de que el talento surgido en la región puede competir en las principales empresas de la lucha libre.
Finalmente, señaló la necesidad de fortalecer la lucha libre femenil en la zona. Actualmente, en Córdoba solo existen dos exponentes activas, Diosa del Sol y Libna Maciel, mientras que en Fortín compite Danesa, sumando apenas tres luchadoras en total. Expresó su deseo de que en los próximos años más mujeres se integren al pancracio, elevando el nivel y la diversidad del espectáculo.
Con tres décadas de trayectoria, lesiones acumuladas y objetivos aún vigentes, Lazzerman continúa activo, entrenando y compitiendo, convencido de que en la lucha libre la verdadera vigencia se sostiene con disciplina, preparación y respeto ganado sobre el ring.