No los interrumpan, se están equivocando solos

Alito y Pepe
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La oposición aprieta el paso rumbo al 2027, mientras el gobierno de Rocío Nahle presume obras, programas y presencia territorial

Por Luis Sigüenza | Sigüenza Comunica

“Cuando tu enemigo se esté equivocando, no lo interrumpas”.
Napoleón Bonaparte

La frase que recientemente ha retomado la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para referirse, con cierta ironía, a la estrategia de sus adversarios políticos bien podría aplicarse a lo que ocurre en Veracruz.

Y es que, mientras PRI, PAN y Movimiento Ciudadano intensifican sus críticas contra el gobierno de Rocío Nahle García, sus dirigentes nacionales parecen haber convertido a Veracruz en una parada recurrente de su agenda política.

Primero fue Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN, acompañado por la nueva dirigencia estatal. Después apareció Dante Delgado, líder moral y fundador de Movimiento Ciudadano, con señalamientos de persecución política y llamados a “rescatar” el Estado de derecho. Y esta semana tocó el turno al priista Alejandro Moreno Cárdenas.

¿Casualidad? Difícilmente.

El 2027 está a la vuelta de la esquina y Veracruz será, sin duda, uno de los territorios que estarán bajo la lupa de la oposición.

Pero mientras los discursos suben de tono, del otro lado también suceden cosas que forman parte de la discusión pública.

El rescate del ingenio San Pedro, con la decisión de evitar su cierre y convertirlo en un organismo público descentralizado bajo control estatal, representa para miles de familias una decisión con implicaciones económicas y sociales que van más allá de la política partidista.

También está la creación de la primera Escuela Veracruzana de Servicios Turísticos, con carácter gratuito, en un estado donde el turismo representa una actividad con enorme potencial.

En educación, la apuesta planteada por el Gobierno estatal apunta a que los estudiantes de educación básica reciban útiles escolares durante cada ciclo, además de atender las necesidades de mobiliario y mantenimiento de los planteles.

Y en salud, el gobierno ha tenido que salir a atender problemas concretos, como el abasto de medicamentos y material de curación en hospitales y centros médicos.

Puede debatirse si las acciones son suficientes, si avanzan al ritmo necesario o si los resultados corresponden a las expectativas. Esa es precisamente la función de la crítica pública.

Pero también es cierto que gobernar implica enfrentar problemas reales y resolverlos, no solamente ganar debates en redes sociales o conferencias de prensa.

Ahí está, quizá, una de las diferencias que empiezan a marcar el escenario político.

Gobernar desde el territorio

Rocío Nahle ha insistido en una idea: escuchar directamente a la población.

Recorrer el estado, conocer los problemas y atenderlos desde el territorio.

No desde una oficina.

No desde los cafés.

No solamente desde las declaraciones.

Y esa presencia, guste o no, comienza a formar parte de la disputa política rumbo a 2027.

¿Y el apellido López Obrador?

En medio de este escenario apareció también la polémica por la presencia de familiares del expresidente Andrés Manuel López Obrador en la administración estatal.

El secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, confirmó que familiares del exmandatario trabajan en el Gobierno de Veracruz y defendió su derecho a desempeñar una actividad laboral, al tiempo que sostuvo que en la administración estatal no existen los antiguos esquemas de “aviadores” o colocación de amigos y conocidos.

Y aquí aparece una pregunta que merece una respuesta más allá del ruido político:

¿Ser sobrino o familiar de un expresidente elimina el derecho de una persona a trabajar en el servicio público?

La respuesta, evidentemente, es no.

Lo que sí debe exigirse —a ellos y a cualquier servidor público— es capacidad, experiencia, resultados, transparencia y cumplimiento de la ley.

Ahí es donde debería estar el debate.

Porque si alguien ocupa un cargo público únicamente por su apellido, debe cuestionarse. Pero si cumple con el perfil y desempeña correctamente su función, el parentesco por sí solo no constituye una falta.

Y resulta inevitable que la discusión genere comparaciones con los viejos grupos de poder en Veracruz, donde durante años distintos apellidos tuvieron una presencia constante en alcaldías, diputaciones, senadurías y otros espacios de decisión.

La memoria política también cuenta.

La batalla apenas comienza

Lo que estamos viendo en Veracruz no es todavía la elección de 2027, pero sí son claramente los primeros movimientos de una contienda que ya comenzó a calentarse.

La oposición tiene derecho a cuestionar, denunciar y señalar. Para eso existe la democracia.

El gobierno, por su parte, tendrá que demostrar con resultados que sus políticas funcionan y que las promesas se convierten en beneficios concretos para los veracruzanos.

Al final, serán los ciudadanos quienes tengan la última palabra.

Por ahora, quizá lo más conveniente para el oficialismo sea recordar aquella vieja máxima:

“Cuando tu enemigo se esté equivocando, no lo interrumpas”.

Porque mientras unos suben el volumen de sus discursos, otros tendrán que demostrar en el territorio si sus resultados hablan por ellos.

Y en política, tarde o temprano, las urnas terminan hablando más fuerte que cualquier conferencia de prensa.

Sigüenza Comunica
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