Rocío Nahle, una gobernadora que apuesta por la altura política

Veracruz siempre se ha caracterizado por su intensa vida política. Es un estado de gran peso electoral, con múltiples actores, distintas corrientes y una permanente discusión pública.
A ello se suma que el próximo proceso electoral comenzará el 10 de septiembre, por lo que seguramente veremos crecer el debate, las diferencias y, como suele ocurrir en estos periodos, también las críticas y los señalamientos.
En las últimas semanas, la gobernadora Rocío Nahle García ha estado particularmente presente en esa discusión. Desde distintos espacios se han lanzado cuestionamientos hacia su administración y, en algunos casos, señalamientos que han llegado incluso al terreno personal.
Nahle, sin embargo, ha optado por no responder en el mismo tono.
“Yo no tengo que caer en provocaciones ni bajar a un nivel al que quisieran llevarme”, expresó este lunes al ser cuestionada sobre los señalamientos realizados por algunos comentaristas y medios nacionales.
Una semana antes, la gobernadora ya había fijado una posición similar frente a cuestionamientos que, según señaló, incluso han alcanzado aspectos personales y familiares:
“Cada quien es libre de opinar lo que quiera, pero no tiene derecho a injuriar, a difamar”.
En una democracia, el ejercicio del poder debe estar permanentemente bajo escrutinio. Los medios de comunicación tienen el derecho —y también la responsabilidad— de preguntar, investigar y cuestionar a quienes gobiernan.
Pero una cosa es la crítica pública y otra muy distinta convertir el debate político en un espacio para la descalificación personal.
Gobernar también implica saber qué batallas dar
Rocío Nahle es una figura con una trayectoria política construida durante décadas y con un papel relevante dentro de Morena. Su llegada al Gobierno de Veracruz también representa la consolidación de una carrera política que la ha colocado en posiciones de decisión nacional.
Por eso, su postura frente a los ataques resulta políticamente significativa.
La gobernadora ha insistido en que su prioridad está en “el trabajo de base, el trabajo en el territorio”.
Y ahí está, quizá, una de las claves de su estrategia: mientras el debate político puede concentrarse en redes sociales, columnas y declaraciones, ella ha decidido colocar el énfasis en los resultados de gobierno.
Una obra terminada.
Una comunidad atendida.
Un empleo generado.
Un servicio que llega.
Una inversión que se concreta.
Una actividad económica que se recupera.
No significa que el gobierno deba estar fuera de la crítica. Todo lo contrario: la crítica es indispensable para una democracia. Pero también es válido que quien gobierna decida qué discusiones atender y cuáles no.
La propia Nahle lo resumió de manera clara:
“Tenemos que ser muy listos, muy inteligentes para no engancharnos con provocaciones”.
Y quizá esa sea una de las mayores pruebas para cualquier gobernante: tener la capacidad de responder cuando es necesario, pero también la disciplina de guardar silencio cuando hacerlo solamente alimentaría una confrontación estéril.
La gobernadora incluso recurrió a una expresión que refleja la forma en que ha decidido conducirse:
“Ante todo soy una dama y yo he dicho que como dama yo no tengo que caer en provocaciones ni bajar a un nivel al que quisieran llevarme”.
En tiempos de polarización, mantener la serenidad también puede ser una forma de ejercer el poder.
Y en el caso de una mujer que ocupa una posición de alta responsabilidad política, existe además un componente que no debe ignorarse: las mujeres en el poder suelen enfrentar cuestionamientos que trascienden sus decisiones de gobierno y alcanzan su carácter, su vida personal, su familia e incluso la manera en que enfrentan a sus adversarios.
La exigencia de rendición de cuentas debe ser exactamente la misma para hombres y mujeres. Pero utilizar estereotipos o descalificaciones personales para cuestionar a una mujer gobernante no contribuye al debate democrático.
Rocío Nahle ha elegido, al menos por ahora, no entrar en ese terreno.
Su respuesta ha sido apostar por el trabajo, mantener el rumbo y dejar que los resultados sean parte de la discusión.
En política, donde muchas veces la provocación busca precisamente una reacción, no engancharse también puede ser una decisión política.
Y quizá ahí radique parte de la resiliencia que hoy muestra la gobernadora: saber que no todas las batallas se ganan contestando, y que algunas simplemente se superan trabajando.





